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lunes, 31 de mayo de 2010

Entrevista con Dios, Mensajes para Hijos

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Con mí titulo de periodista recién obtenido, decidí realizar una gran entrevista, y mi deseo fue concedido permitiéndoseme una reunión con ¡Dios!
“Pasa” me dijo Dios, – “¿Así qué quieres entrevistarme?” “Bueno”, le contesté, “Si tienes tiempo……”

Se sonríe por entre la barba y dice: “Mi tiempo se llama eternidad y alcanza para todo; ¿qué preguntas quieres hacerme?”

“Ninguna nueva, ni difícil para ti: ¿qué es lo que más te sorprende de los hombres?”

Y dijo: “Que se aburren de ser niños, apurados por crecer, y luego suspiran por regresar a ser niños.

Que primero pierden la salud para tener dinero y enseguida pierden el dinero para recuperar la salud.

Que por pensar ansiosamente en el futuro, descuidan su hora actual, con lo que ni viven el presente ni el futuro.

Que viven como si no fueran a morirse, y se mueren como si no hubieran vivido, y pensar que YO…”, con los ojos llenos de lágrimas y la voz entre cortada dejó de hablar. Sus manos toman fuertemente las mías, seguimos en silencio.

Después de un largo tiempo y para cortar el clima, le dije: “¿Me dejas hacerte otra pregunta?”

No me respondió con palabras, sino sólo con su tierna mirada. “¿Cómo padre, qué es lo que le pedirías a tus hijos?”

“Que aprendan, que no pueden hacer que alguien los ame. Lo que sí pueden, es dejarse amar.”

“Que aprendan, que toma años construir la confianza, y sólo segundos para destruirla.”

“Que lo más valioso no es lo que tienen en sus vidas, sino a quienes tienen en sus vidas.”

“Que aprendan que no es bueno compararse con los demás. Pues siempre habrá alguien mejor o peor que ellos.”
“Que ‘RICO’ no es el que más tiene, sino el que menos necesita.”

“Que aprendan, que deben controlar sus actitudes, o sus actitudes los controlarán.”

“Que bastan unos pocos segundos para producir heridas profundas en las personas que amamos, y que pueden tardar muchos años en ser sanadas.”

“Que aprendan, que a perdonar se aprende practicando.”

“Que hay gente que los quiere mucho, pero que simplemente no sabe cómo demostrarlo.”

“Que aprendan, que el dinero lo compra todo menos la felicidad.”

“Que a veces cuando están molestos tienen derecho a estarlo, pero eso no les da derecho de molestar a los que los rodean.”

“Que los grandes sueños no requieren de grandes alas, sino de un tren de aterrizaje para lograrlos.”

“Que los amigos de verdad son tan escasos, que quien ha encontrado uno ha encontrado un verdadero tesoro.”

“Que no siempre es suficiente con ser perdonado por otros, algunas veces deben perdonarse a sí mismos.”

“Que aprendan, que son dueños de lo que callan y esclavos de lo que dicen.”

“Que de lo que siembran, cosechan, si siembran chismes cosecharán intrigas, si siembran amor cosecharán felicidad.”

“Que aprendan, que la verdadera felicidad no es lograr sus metas sino aprender a ser felices con lo que tienen.”

“Que aprendan, que la felicidad no es cuestión de suerte sino producto de sus decisiones. Ellos deciden ser felices con lo que son y tienen, o morir de envidia y celos por lo que les falta y carecen.”

“Que dos personas pueden mirar una misma cosa y ver algo totalmente diferente.”

“Que sin importar las consecuencias, aquellos que son honestos consigo mismos llegan lejos en la vida.”

“Que a pesar de que piensen que no tienen nada más que dar, cuando un amigo llora con ellos, encuentran la fortaleza para vencer sus dolores.”

“Que retener a la fuerza a las personas que aman, las aleja más rápidamente de ellos y el dejarlas ir, los deja para siempre al lado de ellas.”


“Que a pesar de que la palabra “AMOR” pueda tener muchos significados distintos, pierde valor cuando es usada en exceso.”

“Que aprendan, que amar y querer no son sinónimos, sino antónimos, que el querer lo exige todo, el amor lo entrega todo.”

“Que nunca hagan algo tan grande para que Dios los ame más, ni nada tan malo para que los ame menos. Simplemente los amo, a pesar de sus conductas.”

“Que aprendan, que la distancia más lejos que pueden estar de MI es la distancia de una simple oración…”

Y así, en un encuentro profundo, tomados de las manos, continuamos en silencio…

14 pedidos de un hijo a su padre, Mensajes para Hijos

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1.No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o hermana.

Si me haces quedar mejor que los demás, alguien va a sufrir; y si me haces lucir peor que los demás, seré yo quien sufra.

2.No me des sin medida, todo lo que te pida.

A veces pido para saber hasta cuánto es razonable tomar.

3. No me grites.

Te respeto menos cuando lo haces, y me enseñas a gritar a mí también, y yo no quiero perder el respeto por ninguno de los dos.

4.No estés siempre dando órdenes.

Si en vez de órdenes, a veces me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más gusto.

5.Cumplí las promesas que hagas, buenas o malas.

Si me prometes un premio, dámelo; si es una penitencia sostenla.

6.No digas mentiras delante de mí, ni me pidas que las diga por vos, ni siquiera para sacarte de un apuro.

Me hace sentir mal y perder la fe en lo que decís.

7.No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer; decídete y mantén tu decisión.

Porque si no viviré siempre pendiente del próximo cambio de idea.
8.Déjame valerme por mí mismo.

Si lo haces todo por mí, nunca podré aprender.

Por si lo olvidaste, sólo se aprende de los errores.

9.Cuando estés equivocado en algo, admítelo.

Crecerá la opinión que yo tengo de vos y de paso me enseñarás a admitir también mis equivocaciones.

10.No me exijas que te diga “porqué lo hice” cuando hago algo que no está bien.

A veces ni yo mismo lo sé.

11.Enséñame a amar y a darme la oportunidad de conocer a los otros.

No importa si la vida me lo va a enseñar de todos modos; porque de nada vale si veo que vos no amas ni vivís en contacto con el prójimo.

12.No me digas que haga una cosa si vos no la haces.

Yo aprendo siempre de lo que hacés; pero me cuesta hacer lo que decís sin coherencia con tu propio actuar.

13.No me digas: “No tengo tiempo para tonterías” cuando te cuente un problema mío.

“Eso no tiene importancia”.

Tratá de comprenderme y ayudarme.

14.Y sobre todo si es cierto que me quieres, dímelo de vez en cuando.

A mí me gusta oírtelo decir, aunque vos no creas que sea necesario y aunque yo nunca te lo diga, porque por supuesto yo te amo con todo mi corazón.



Las llaves del automóvil, Mensajes para Hijos

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” A cambio de las llaves del coche, te pedimos hijo, unos minutos de atención “

Esperamos que no sea tu imprudencia, la que aumente los riesgos del camino.-

Esperamos que tu conducta evidencie que comprendiste que es una obligación en la actualidad, no sólo vivir sino convivir.-

Esperamos que no necesites nunca lágrimas de arrepentimiento, porque nunca han sido suficientes para lavar la sangre de los accidentes.-

Esperamos que nadie te odie porque dañaste a alguien a quien amaba tanto como nosotros te amamos a tí.-

Esperamos que no provoques en otros lo que nosotros sentiríamos si alguien te dañara.-

Esperamos que no sientas pudor por ser cortés y que acates las advertencias saludables.-

Esperamos que no olvides que en nuestra familia lo que le pasa a uno, nos ocurre a todos y que todas las familias tienen el derecho de sentir lo mismo.-

Esperamos que interpretes que el automóvil puede ser un asesino cuando lo impulsa un asesino.-

Esperamos tener que esforzarnos para no estallar de satisfacción cuando nos lleves en el auto.-

Esperamos que de tu conducta se desprenda que no has confundido estridencia con potencia, brusquedad con pericia, debilidad con respeto, grosería con franqueza.-

Esperamos que compartas con nosotros esta alegría y que conducir el automóvil sea tu placer y nuestro orgullo, y que la normalidad de tu regreso sea nuestro hecho cotidiano.-”

El tazón de madera del Abuelo, Mensajes para Hijos

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El viejo se fue a vivir con su hijo, su nuera y su nieto de cuatro años.

Ya las manos le temblaban, su vista se nublaba y sus pasos flaqueaban.

La familia completa comía junta en la mesa, pero las manos temblorosas y la vista enferma del anciano hacían el alimentarse un asunto difícil.

Los guisantes caían de su cuchara al suelo y cuando intentaba tomar el vaso, derramaba la leche sobre el mantel.

El hijo y su esposa se cansaron de la situación.

“Tenemos que hacer algo con el abuelo”, dijo el hijo. “Ya he tenido suficiente, derrama la leche, hace ruido al comer y tira la comida al suelo”.

Así fue como el matrimonio decidió poner una pequeña mesa en una esquina del comedor. Ahí, el abuelo comía solo mientras el resto de la familia disfrutaba la hora de comer. Como el abuelo había roto uno o dos platos, su comida la servían en un tazón de madera. De vez en cuando miraban hacia donde estaba el abuelo y podían ver una lágrima en sus ojos mientras estaba ahí sentado sólo. Sin embargo, las únicas palabras que la pareja le dirigía, eran fríos llamados de atención cada vez que dejaba caer el tenedor o la comida.

El niño de cuatro años observaba todo en silencio. Una tarde antes de la cena, el papá observó que su hijo estaba jugando con trozos de madera en el suelo. Le preguntó dulcemente: “¿Qué estás haciendo hijito?”. Con la misma dulzura el niño le contestó: “Ahh, estoy haciendo un tazón para ti y otro para mamá para que cuando yo crezca, ustedes coman en ellos”. Sonrió y siguió con su tarea.

Las palabras del pequeño golpearon a sus padres de tal forma que quedaron sin habla. Las lágrimas rodaban por sus mejillas. Y aunque ninguna palabra se dijo al respecto, ambos sabían lo que tenían que hacer.

Esa tarde el esposo tomó gentilmente la mano del abuelo y lo guió de vuelta a la mesa de la familia. Por el resto de sus días ocupó un lugar en la mesa con ellos. Y por alguna razón, ni el esposo ni la esposa, parecían molestarse más cada vez que el tenedor se caía, la leche se derramaba o se ensuciaba el mantel.

Los niños son altamente perceptivos. Sus ojos observan, sus oídos siempre escuchan y sus mentes procesan los mensajes que absorben. Si ven que con paciencia proveemos un hogar feliz para todos los miembros de la familia, ellos imitarán esa actitud por el resto de sus vidas.

Los padres y madres inteligentes se percatan que cada día colocan los bloques con los que construyen el futuro de sus hijos. Seamos entonces constructores sabios y modelos a seguir.

He aprendido que independientemente de la relación que tengas con tus padres, siempre los vas a extrañar cuando ya no estén contigo.

He aprendido que aún cuando me duela, no debo estar solo.

He aprendido que aún tengo mucho que aprender.

“La gente olvidará lo que dijiste y lo que hiciste, pero nunca como la hiciste sentir.”

Los hijos no esperan, Mensajes para Hijos

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Hay un tiempo para anticipar la llegada del bebé.

Para consultar al médico, para hacer dieta y ejercicios, para preparar el ajuar.

Un tiempo para soñar lo que será ese niño, cuando crezca, para pedirle a Dios que nos enseñe a criar al hijo que llevamos en las entrañas, para preparar nuestra alma para alimentar la suya, pues pronto ese niño nacerá.

Hay un tiempo para mecerlo y pasear por la habitación, para ejercer el derecho y la abnegación.

Un tiempo para maravillarnos de lo que es él, ni mascota, ni juguete, sino Persona.

Un tiempo para cuidar de él, edificarlo, maravillarse y sentir asombro.

Un tiempo para dejar de lado los platos sucios y llevarlos a la plaza a hamacarse, de correr una carrera, hacerle un dibujo, atrapar una mariposa, cantar en vez de renegar, de sonreir en vez de fruncir el ceño, de secar lágrimas y reirse de los platos rotos, de contestar a todas las preguntas… porque vendrá el tiempo en que no querrá escuchar nuestras respuestas.

Hay un tiempo para enseñarle a ser independiente, a tener responsabilidad,para ser firme pero afectuoso, para saber disciplinarlo con amor, porque pronto llegará el momento de dejarlo partir y de soltar los lazos que lo atan a nosotros.

Una hora de dedicación podrá hoy salvar años de dolor mañana, la casa, los platos, la pieza nueva pueden esperar.

Llegará el momento en que no habrá más puertas que golpear, ni juguetes desordenados, ni peleas, ni marcas en la pared.

Entonces podremos mirar atrás con gozo, y saber que estos años de padres no se desperdiciaron.

Dios, danos la sabiduría para saber que hoy es el día de nuestros hijos, y que nuestro tiempo es hoy.

…Porque los hijos no esperan.

El hijo preferido, Mensajes para Hijos

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Cierta vez preguntaron a una madre cuál era su hijo preferido, aquel que ella mas amaba.

Y ella, dejando entrever una sonrisa, respondió:

Nada es más voluble que un corazón de madre.

Y, como madre, le respondo:

el hijo dilecto, aquel a quien me dedico de cuerpo y alma…

Es mi hijo enfermo, hasta que sane.

El que partió, hasta que vuelva.

El que está cansado, hasta que descanse.

El que está con hambre, hasta que se alimente.

El que está com sed, hasta que beba.

El que está estudiando, hasta que aprenda.

El que está desnudo, hasta que se vista.

El que no trabaja, hasta que se emplée.

El que se enamora, hasta que se case.

El que se casa, hasta que conviva.

El que es padre, hasta que los críe.

El que prometió, hasta que cumpla.

El que debe, hasta que pague.

El que llora, hasta que calle.

Y ya con el semblante bien distante de aquella sonrisa, completó:


El que ya me dejó…

…hasta que lo reencuentre…



Tus hijos no son tus hijos, Mensajes para Hijos

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Tus hijos no son tus hijos

son hijos e hijas de la vida

deseosa de si misma.


No vienen de ti, sino a traves de ti

y aunque estén contigo

no te pertenecen.


Puedes darles tu amor,

pero no tus pensamientos, pues,

ellos tienen sus propios pensamientos.


Puedes abrigar sus cuerpos,

pero no sus almas, porque ellas,

viven en la casa del mañana,

que no puedes visitar

ni siquiera en sueños.


Puedes esforzarte en ser como ellos,

pero no procures hacerlos semejantes a ti

porque la vida no retrocede,

ni se detiene en el ayer.


Tú eres el arco del cual, tus hijos

como flechas vivas son lanzados.


Deja que la inclinacion

en tu mano de arquero

sea para la felicidad.

Cuando creíste que no veía, Mensajes para Hijos

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Cuando creiste que no veía, te vi poner mi primer dibujo en el refrigerador, y quise pintar otro más.

Cuando creíste que no veía, te vi alimentar a un pájaro herido, y pensé que era bueno ser gentil con los animales.

Cuando creíste que no veía, te ví preparar mi pastel favorito, y supe que pequeñas cosas son cosas especiales.

Cuando creíste que no veía, te escuché decir una oración, y creí que existe un Dios al que siempre le podré hablar.

Cuando creíste que no veía, sentí que me diste un beso en la noche, y me sentí amado.

Cuando creíste que no veía, vi lágrimas caer de tus ojos, y aprendí que algunas veces ha cosas que duelen, y que llorar está bien.

Cuando creíste que no veía, te vi preocupada por mí y quise ser todo lo posible que yo pudiera ser.

Cuando creíste que no veía, vi… y quise decir gracias… por todas las cosas que vi mientras tú creías que yo no estaba viendo.

Gracias mamá…

Hijo, solo por hoy…, Mensajes para Hijos

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Sólo por hoy, en la mañana, voy a sonreír cuando vea tu rostro y a reír cuando tenga ganas de llorar.

Sólo por hoy, en la mañana, voy a dejarte escoger la ropa que té vas a poner, voy a sonreír y a decirte que te queda perfecta.

Sólo por hoy, en la mañana, voy a pasar por la lavandería y a pasar por ti, para llevarte al parque a jugar.

Sólo por hoy, al mediodía, voy a dejar los platos en la cocina y voy a dejarte que me enseñes como armar ese rompecabezas juntos.

Sólo por hoy, en la tarde, voy a desconectar el teléfono y a apagar la computadora, para sentarme junto a ti en el jardín para hacer burbujas de jabón.

Sólo por esta tarde, no voy a reclamarte, ni siquiera a murmurar, cuando tu grites y llores cuando pase el carro de los helados, y voy a salir contigo a comprarte uno.

Sólo por esta tarde, no voy a preocuparme sobre que va a ser de ti cuando crezcas, y voy a pensar otra vez todas las decisiones que haya tomado acerca de ti.

Sólo por esta tarde, te dejaré que me ayudes a hornear unas galletas, y no voy a estar detrás de ti tratando de arreglarlas.

Sólo por esta tarde, te llevaré a Mc Donald’s y vamos a comprar una Cajita Feliz para ambos, para que tengas los dos juguetes.

Sólo por esta tarde, te estrecharé en mis brazos y te contaré una historia acerca de cuando tu naciste y sobre lo mucho que te quiero.

Sólo por esta noche, te dejaré salpicar en la bañera y no me voy a enojar.

Sólo por esta noche, te dejaré despierto hasta tarde, mientras nos sentamos en el jardín a contar las estrellas.

Sólo por esta noche, estaré junto a ti por horas y no extrañaré mis programas favoritos de TV.

Sólo por esta noche, cuando pase mis dedos entre tu cabello mientras oras, simplemente daré gracias a Dios por el mayor regalo que he recibido.

Voy a pensar en las madres y en los padres que están ahora buscando a sus hijos extraviados; las madres y padres que visitan a sus hijos en sus tumbas en lugar de en sus camas, y en las madres y padres que están en los hospitales mirando sufrir a sus hijos, gritando por dentro por no poder hacer nada más.

Y cuando te dé un beso de buenas noches te voy a estrechar un poco más fuerte, más tiempo; así, agradeceré a Dios por ti y no le pediré nada, excepto, un día más.





La oración del padre, Mensajes para Hijos

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Dame, oh Señor, un hijo que sea lo bastante fuerte para saber cuando es débil, y lo bastante valeroso para enfrentarse consigo mismo cuando sienta miedo; un hijo que sea orgulloso e inflexible en la derrota honrada, y humilde y magnánimo en la victoria.

Dame un hijo que nunca doble la espalda cuando deba erguir el pecho; un hijo que sepa conocerte a Ti… y conocerse a sí mismo, que es la piedra fundamental de todo conocimiento.

Condúcelo, te lo ruego, no por el camino cómodo y fácil, sino por el camino áspero, aguijoneado por las dificultades y los retos.

Allí déjale aprender a sostenerse firme en la tempestad y a sentir compasión por los que fallan.

Dame un hijo cuyo corazón sea claro, cuyos ideales sean altos; un hijo que se domine a sí mismo antes que pretenda dominar a los demás; un hijo que aprenda a reír, pero que también sepa llorar; un hijo que avance hacia el futuro, pero que nunca olvide el pasado.

Y después que le hayas dado todo eso, agrégale, te suplico, suficiente sentido del buen humor, de modo que pueda ser siempre serio, pero que no se tome a sí mismo demasiado en serio.

Dale humildad para que pueda recordar siempre la sencillez de la verdadera grandeza, la imparcialidad de la verdadera sabiduría, la mansedumbre de la verdadera fuerza.

Entonces, yo, su padre, me atreveré a murmurar: `No he vivido en vano’





Los hijos…. los hijos…, Mensajes para Hijos

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Para quien es padre o madre, y para aquellos que lo serán…

Hay un periodo en que los padres van quedando huérfanos de sus propios hijos.

Es que los niños crecen independientes de nosotros, crecen sin pedir permiso a la vida.

Crecen con alegría, y a veces, con mucha arrogancia.

Pero no crecen todos los días de igual manera.


Crecen de repente.

Un día se sientan cerca tuyo en la terraza y dicen alguna frase con tal madurez que te sientes que ya no puedes cambiar más los pañales de ese niño.

¿Dónde estuvo creciendo este pequeñito que yo no me di cuenta?

El niño está creciendo en un ritual de obediencia orgánica y desobediencia civil…

Allí están muchos padres al volante, esperando que ellos salgan entusiastas sobre patines y con cabellos largos y sueltos.

Entre hamburguesas y bebidas en las esquinas.

Allá están nuestros hijos con su uniforme de su generación: incómodas mochilas de moda en los hombros.

Allí están, con el pelo desordenado.

Esos son los hijos que conseguimos engendrar y amar… a pesar de todo.

Y ellos crecen medio amaestrados.

Observando y aprendiendo con nuestros aciertos y errores.

Principalmente, con los errores que esperamos que no repitan.

Hay un periodo en que los padres van quedando huérfanos de sus propios hijos.

No los esperaremos más en las puertas de la disco, o en las fiestas.

Pasó el tiempo del ballet, de inglés, de natación y del Judo.

Saldrán del asiento de atrás y pasarán al volante de sus propias vidas.

Debimos haber ido más a la cama de ellos en la noche.

Para escuchar su alma respirando conversaciones y confidencias entre sábanas de infancia.

Y los adolescentes cobertores de aquel dormitorio lleno de adhesivos, posters, agendas coloridas y discos ensordecedores.

No los llevamos lo suficiente al parque.

No les dimos suficientes sándwiches.

No les compramos todos los helados y toda la ropa que hubiéramos querido comprarles.

No les dijimos la suficiente cantidad de veces… “te quiero mucho mi corazón”.

No los dejes crecer sin mostrarles todo tu afecto.

Al principio iban con nosotros a donde fuera, para Navidad, en las vacaciones, a la piscina y con amigos.

Sí… había grandes peleas dentro del auto por quien va en la ventana, los pedidos de chicles y las canciones sin fin.

Después llegó el tiempo en que viajar con los padres comenzó a ser un esfuerzo, un sufrimiento.

Pues era muy difícil separarse de los amigos y de los primeros novios.

Los padres quedaron exiliados de los hijos.

Tienen la soledad y la tranquilidad que siempre soñaron.

Pero, de repente… morían de tristeza por extrañar a esas “pestes”.

Llega el momento en que solo nos queda quedarnos lejos de ellos, rezando mucho (en ese momento, se re-aprende a rezar).

Para que ellos acierten en su búsqueda de felicidad.

Y que la conquisten del modo más completo posible.


Queda esperar…

En cualquier momento nos dan nietos.

El nieto es ahora de cariño, ocioso y estancado.

Por eso los abuelos son tan desmesurados.

Y se descontrolan tanto con la expresión de cariño.

Los nietos son la última oportunidad de re-editar nuestro afecto.

Por eso es necesario hacer alguna cosa más… antes de que crezcan.

Aprendemos a ser hijos…

después que somos padres…

y solo aprendemos a ser padres…

…después que somos abuelos.

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